El alcohol no lo dejó dormir.Eso, u otra cosa, pero hacia varias noches que no dormía.
Resignado, se levantó, se puso el sobretodo gris y dejo la habitación sin echar llave, no haría falta.
Mientras recorría pesadamente el pasillo serpenteante de la pensión, pensó que las frías mañanas del otoño le traían su recuerdo.A decir verdad, desde hacía años todo la traía a su mente.
Ya sentado en las escalinatas de la plazoleta apretó los ojos, de cara al sol, buscando algo –no sabía que- en el cielo.Entonces su mente lo arrastró, ansiosa, hasta sus años felices, y vívidamente la vio sonreír, vio su cabello flotando, vio sus ojos tristes y su rostro piadoso.
Tal vez la brisa, o tal vez el rumor lejano del tren al acercarse lo trajeron de vuelta.Rezó para que al abrir los ojos ella aún estuviese allí, para que por una vez se extinga el azaroso dictado del tiempo y el pasado sea hoy, sin más.Sin embargo, la realidad le devolvió primero la imagen de una mujer vieja paseando un pequeño perro lanudo, luego el bramido del 62, después las ramas desnudas de los tilos del boulevard.Infinidad de cosas vagas, de gente que caminaba y reía sin notar su ausencia.
Aturdido de verdad, su mirada dio un giro completo, y vio al hombre de sobretodo gris, el hombre que él había sido, caminar lentamente al encuentro del tren.