miércoles, 9 de febrero de 2011

Las islas, el rio.

"Podemos empezar a ser felices sólo una vez que aceptamos que la vida no va a ser lo que esperabamos"

Hace rato esa idea, esa verdad fatal anda dando vueltas por ahi, por mi cabeza.
A veces la desenvaino y asesino impiadosamente con ella el optimismo adolecente de algun imbecil.
Hoy me desperté y ahi estaba: latente, expectante.Un cuervo al acecho, seguro de que su momento llegará.
Si -acepté- es cierto, esto no es lo que esperaba.Nada de esto es lo que esperaba.
La vida es como un rio, que corre perezozo e implacable.La felicidad apenas pequeñas islas lejanas que asoman en este rio y nos dan esporadicos momentos de distraccion.
Momentos de extasis que la engañosa memoria convierte en cuentas de un collar de perlas falsas llamado felicidad.
La mujer que me confió esta verdad -la persona mas inteligente que conoci, y tal vez la que mas amé- me lo revelo primero con un rictus solemne, calló un momento y luego lo cambio por una mueca levemente sensual.Entonces dijo: Brindemos, es lo que queda...es lo que somos.
Esa noche el camino a casa fué largo y turbulento.Especialmente largo.Especialmente turbulento.
Pero ya ha pasado tiempo de eso, ahora estoy aqui, ya viejo y cansado.
Cerré los ojos y deje que la corriente me lleve a un islote hecho de recuerdos...