Hay una mujer
que habita mis mañanas de domingo.
Gime y se queja, tibia.
Abrigada por sus brazos infinitos,
coronada por cabellos en los que los se pierde
mi ultimo impulso de huir.
Cuando rie estalla en un volcan
y repta segura por el margen de la razon.
Hay una mujer envuelta por una piel que invita
y ojos que ven a traves de las palabras
que sólo se dicen
un domingo por la mañana.
que habita mis mañanas de domingo.
Gime y se queja, tibia.
Abrigada por sus brazos infinitos,
coronada por cabellos en los que los se pierde
mi ultimo impulso de huir.
Cuando rie estalla en un volcan
y repta segura por el margen de la razon.
Hay una mujer envuelta por una piel que invita
y ojos que ven a traves de las palabras
que sólo se dicen
un domingo por la mañana.